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Cuando el ejercicio también es plan de fin de semana

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No todo ejercicio necesita una hora en el gimnasio. A veces necesita una bici, unos amigos, un cerro o simplemente un sábado con más tiempo.

Entre semana, hacer ejercicio suele tener una condición adicional: tiene que caber. Antes de trabajar, después de la oficina, entre una cosa y otra o en esa ventana de 45 minutos que parecía libre hasta que dejó de estarlo.

El fin de semana tiene otra lógica. No necesariamente tenemos todo el tiempo del mundo (ésa sería otra fantasía), pero aparecen espacios diferentes. Entonces sí cabe la rodada más larga, el partido con amigos, una clase de Pilates que nunca coincide con nuestros horarios o visitar ese lugar para correr, caminar o patinar que llevamos semanas diciendo que queremos conocer.

Y ocurre algo interesante: el ejercicio deja de ser algo que tenemos que acomodar alrededor del plan y puede convertirse en el plan.

Hay ejercicio que empieza con un “¿qué hacemos?”

Durante años relacioné hacer ejercicio con entrenar. Una actividad con horario, cierta duración y un objetivo relativamente claro. Pero hay muchas maneras de terminar bastante cansado que empiezan simplemente porque alguien propuso hacer algo.

Un partido de futbol es un buen ejemplo. Puede haber gente que juega con enorme seriedad, pero también puede ser el pretexto para ver amigos y pasar un par de horas haciendo algo juntos. Una caminata por el bosque puede ser entrenamiento para alguien que hace senderismo regularmente y una excursión para quien sólo quería conocer un lugar nuevo.

Lo mismo pasa con la bicicleta, correr, patinar, nadar o incluso recorrer una ciudad a pie. Que algo sea recreativo no significa que el cuerpo no se esté moviendo. Y que nos estemos divirtiendo tampoco le quita seriedad a quien sí tiene un objetivo deportivo.

A veces hacemos ejercicio para mejorar en algo. Otras veces, simplemente hacemos algo que además resulta ser ejercicio. Me gusta esa segunda posibilidad.

El fin de semana también permite hacer las cosas diferente

Hay actividades que no son particularmente compatibles con un martes cualquiera. Una ruta de senderismo puede requerir manejar hasta el punto de salida y dedicar varias horas. Una rodada larga necesita más tiempo que la vuelta rápida que cabe entre semana. Quizá esa clase de Pilates que quieres probar está al otro lado de la ciudad. O quieres correr en un parque al que no llegarías antes de tu primera junta.

El fin de semana no necesariamente cambia lo que hacemos. Cambia el espacio que tenemos para hacerlo. Y ese espacio puede cambiar también nuestra relación con la actividad. En la nota anterior contaba que hacer ejercicio principalmente el fin de semana es una forma que a mí me funciona mejor. Parte de la razón es muy sencilla: 45 minutos en bicicleta un sábado no se sienten igual que 45 minutos intentando ganarle a la agenda un miércoles.

Ahora bien, alguien que entrena para una carrera puede pensar exactamente lo contrario. El sábado quizá sea el día de la sesión larga y más importante de su semana. La diferencia es la intención.

Divertirse y entrenar no son opuestos

Me parece interesante pensar en una misma ciclovía un sábado por la mañana. Ahí puede estar alguien preparando su siguiente competencia, alguien tratando de mejorar su tiempo, alguien que salió con amigos y alguien que simplemente decidió desempolvar la bicicleta. Todos están haciendo actividad física. No todos están haciendo lo mismo.

Esa diferencia importa porque también determina lo que hacemos alrededor de la actividad. Quien sale a una rodada larga probablemente ya sabe qué lleva en la botella. Alguien que va a caminar varias horas quizá piense en agua, alimentos y electrolitos. Quien entrena con un objetivo específico puede tener una estrategia de nutrición y algunos suplementos que ya forman parte de su rutina. Y alguien que va a jugar futbol una hora con sus amigos quizá sólo necesite llegar con agua y ganas de jugar.

Los suplementos pueden formar parte de esos rituales cuando responden a una necesidad, preferencia u objetivo concreto. No son lo que convierte una actividad en ejercicio ni hacen que una salida “cuente” más.

Un Weekend Win puede tener muchas formas

Creo que ahí está la parte que más me gusta de pensar en movimiento durante el fin de semana. No todo tiene que parecer entrenamiento. Un Weekend Win puede ser terminar la rodada que llevabas semanas planeando. Mejorar tu tiempo corriendo. Finalmente probar Pilates. Jugar un partido bastante serio. O descubrir que caminar durante horas por un lugar nuevo resultó ser mucho más ejercicio de lo que habías contemplado.

Hay intención en todos esos planes, aunque la intención sea distinta. Para algunos será desempeño. Para otros, constancia. Para otros, conocer un lugar, ver amigos o pasar un buen rato. Y seguramente habrá quien combine varias de esas cosas el mismo sábado.

Quizá por eso el fin de semana ofrece una oportunidad distinta para movernos: no siempre tenemos que sacar tiempo para hacer ejercicio. A veces podemos hacer tiempo para algo que queremos hacer y descubrir que el ejercicio ya venía incluido.

Eso también me parece una buena forma de ganar el fin de semana.

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