Saliste “un rato”. Tres horas después, tu botella vacía y tu estómago recibieron una versión muy distinta del itinerario.
No todas las respuestas están en Google. Algunas están en el cuerpo, en la experiencia o en la duda compartida. Esta serie parte de preguntas reales que nos hacemos todos, y trata de pensarlas con honestidad, sin fórmulas mágicas.
Tengo una capacidad bastante consistente para calcular mal cuánto tiempo voy a estar fuera de casa. “Vamos un rato” puede significar 45 minutos o regresar cuatro horas después. El problema es que mi botella de agua y mi estómago normalmente recibieron la primera versión del plan.
El fin de semana esto pasa con facilidad. Una vuelta con mis hijos resulta ser cinco, la caminata resultó bastante más larga de lo esperado, el partido terminó pero la mañana no, o fuimos a conocer un lugar y acabamos caminando varios kilómetros. No es una expedición. Tampoco necesitamos prepararnos como si fuéramos a cruzar el Sahara. Pero entre salir con las llaves y convertir la cajuela en un almacén de provisiones hay un espacio bastante razonable.
Y ahí aparecen dos preguntas: ¿agua o electrolitos? ¿Y debería llevar algo para comer?
Para empezar: muchas veces, agua está perfectamente bien
Las bebidas con electrolitos son tan visibles alrededor del ejercicio que resulta fácil asumir que actividad física e hidratación deportiva vienen siempre en paquete. Para actividades relativamente cortas y de intensidad moderada, especialmente en condiciones ambientales que no sean particularmente demandantes, el agua suele ser suficiente para mantener una hidratación adecuada. Esto cambia conforme aumenta el tiempo de actividad, la intensidad, el calor y, sobre todo, cuánto sudamos.
Porque cuando sudamos no perdemos únicamente agua. También perdemos electrolitos que participan en funciones como el equilibrio de líquidos y el funcionamiento muscular.
Eso tampoco significa que exista una hora exacta en la que debamos cambiar dramáticamente nuestra botella de agua por una bebida deportiva. Las necesidades varían bastante entre personas y condiciones. Por eso, más que pensar “hago ejercicio, necesito electrolitos”, me parece más útil pensar: ¿qué voy a hacer, durante cuánto tiempo y en qué condiciones?
Si quieres profundizar en esa parte, tenemos una guía sobre la importancia de mantenerse hidratado y cómo hacerlo durante la actividad física.
El sudor tampoco viene con medidor
Ésta es una de las dificultades de dar recomendaciones universales sobre hidratación: no todos sudamos igual. La temperatura importa. La humedad también. El tipo de actividad, nuestra ropa, intensidad y características individuales pueden modificar cuánto líquido perdemos.
Hay personas que terminan una actividad moderada prácticamente intactas y otras que parecen haber atravesado una tormenta personal (yo soy ese). Por eso, en esfuerzos más largos o cuando sudamos considerablemente, los electrolitos pueden convertirse en una herramienta práctica para acompañar la reposición de líquidos y minerales. Para alguien que entrena con un objetivo específico, incluso puede existir una estrategia de hidratación más precisa.
¿Y si además te da hambre?
Aquí hay otra cosa que a veces complicamos innecesariamente. No todo snack necesita convertirse en lo que por marketing queremos ensalsar llamando “fuel”. Si desayunaste a las nueve, llevas varias horas fuera y tienes hambre a la una, quizá la explicación más interesante sea precisamente ésa: tienes hambre. Llevar algo práctico para comer puede evitar que el plan dependa de encontrar comida justo cuando la necesitas.
Ahora bien, si estamos hablando de actividad física prolongada y con cierta intensidad, los carbohidratos durante el ejercicio pueden cumplir una función específica: aportar energía disponible para ayudar a sostener el esfuerzo. Ahí sí entramos en el terreno de la nutrición deportiva. Dependiendo de la actividad y de la persona, pueden aparecer bebidas con carbohidratos, geles, barras u otros productos diseñados para consumirse durante el ejercicio.
Pero una barra tampoco necesita presentar credenciales deportivas para acompañarte durante una mañana fuera.
Prepararte no significa convertir el sábado en una expedición
En la nota anterior hablamos de cómo el ejercicio puede convertirse en el propio plan del fin de semana. Y creo que aquí aparece una consecuencia natural: si sabemos que el plan puede durar varias horas, podemos anticipar algunas cosas sin convertir la preparación en otra disciplina.
Agua para una salida corta. Electrolitos cuando la duración, el esfuerzo, el calor o nuestra sudoración hacen que tengan sentido. Algo para comer cuando sabemos que estaremos fuera bastante tiempo. Y, para quien practica un deporte con objetivos de desempeño, los productos de nutrición deportiva que formen parte de una estrategia adecuada y que ya conozca.
Hay que encontrar el balance delicado entre no cargar 30 kilos de cosas para caminar una hora y darnos cuenta tres horas después de que hubiera sido buena idea traer una barrita.
El Bienestar en Preguntas es una serie que parte de dudas reales -grandes o pequeñas- para pensar el bienestar desde lo cotidiano, lo confuso y lo humano.
Tal vez no resolvimos nada, pero al menos lo dijimos en voz alta. Y eso también es parte del proceso.
Referencias
- American College of Sports Medicine. (2007). Exercise and Fluid Replacement. Medicine & Science in Sports & Exercise, 39(2), 377-390. Consultar fuente
- Thomas, D. T., Erdman, K. A., & Burke, L. M. (2016). Position of the Academy of Nutrition and Dietetics, Dietitians of Canada, and the American College of Sports Medicine: Nutrition and Athletic Performance. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 116(3), 501-528. Consultar fuente
- World Health Organization. (2005). Nutrients in Drinking Water. World Health Organization. Consultar fuente


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