Los antioxidantes naturales como cúrcuma, orégano, ajo y spirulina llevan muchísimo tiempo entre nosotros. Lo nuevo es que aprendimos a encontrar lo que nos interesa dentro de ellos, concentrarlo y saber cuánto estamos consumiendo.
Le pongo bastante orégano al spaghetti, pero nunca me había sentado frente a un plato a pensar cuánto carvacrol tiene. El orégano es orégano, la cúrcuma es esa especia que puede dejar amarilla media cocina y el ajo lleva toda la vida ahí.
Luego encuentras esos mismos nombres en suplementos y las etiquetas empiezan a verse diferentes: extractos, concentraciones, miligramos, porcentajes y compuestos que probablemente nunca habíamos escuchado. En algún momento aprendimos a identificar qué había dentro de esos ingredientes, extraer algunas partes y concentrarlas.
¿Qué ocurrió entre la planta y la cápsula? ¿Qué es el carvacrol? Más adelante te cuento lo que encontré.
La cúrcuma de la cocina y la curcumina de una cápsula no son exactamente lo mismo
La cúrcuma se ha utilizado durante siglos en la cocina y en distintas tradiciones de Asia. Muchísimo después empezamos a estudiar con detalle qué había dentro y encontramos, entre otras cosas, un grupo de compuestos llamados curcuminoides. El más famoso es la curcumina.
Ahí empieza buena parte de su historia moderna como suplemento. Si podemos identificar un compuesto que nos interesa, también podemos extraerlo y ofrecer una cantidad específica. Por eso utilizar cúrcuma para cocinar y tomar un extracto de curcumina puede representar cantidades bastante diferentes.
Después apareció otro detalle: la curcumina no se absorbe particularmente bien. Eso llevó al desarrollo de distintas formulaciones para mejorar su absorción y explica por qué dos productos que dicen “cúrcuma” al frente pueden verse bastante diferentes cuando volteamos el frasco.
El orégano pasó de mi spaghetti a un gotero
El orégano contiene carvacrol, uno de los compuestos que han despertado interés científico por distintas propiedades biológicas, incluida su actividad antioxidante. Yo no necesito saber eso para cocinar con él; lo uso porque me gusta.
La cosa cambia cuando obtenemos aceite de orégano y concentramos algunos de sus componentes. Ahí sí queremos saber cuánto hay, y entran los extractos estandarizados. La primera persona que me explicó bien este concepto fue nuestra directora comercial y recuerdo que me pareció fascinante. Las plantas varían: no todas tienen exactamente la misma concentración de los compuestos que buscamos. Estandarizar un extracto permite trabajar con una cantidad definida de alguno de ellos.
Hay muchísimo más detrás del concepto y amerita su propia nota cuando hablemos de herbales. Por ahora basta saber que desde que entendí qué significa, leo de otra manera esa parte de las etiquetas.
Con el ajo hicimos algo todavía más raro: lo añejamos
El ajo negro empieza siendo ajo común y después pasa semanas bajo condiciones controladas de temperatura y humedad. Cambia de color, se vuelve más suave, desarrolla un sabor ligeramente dulce y parte de su composición también se transforma.
He olvidado ajos por meses en el refrigerador y en la alacena, pero nunca me había preguntado por la versión envejecida que hoy también se estudia por su actividad antioxidante. Intervenimos el ajo, controlamos el proceso y observamos qué ocurre durante el cambio.
La spirulina era mexicana mucho antes de convertirse en superfood
La spirulina parece un producto completamente contemporáneo: polvo verde, smoothies, cápsulas y superfoods, además de estudios que exploran su relación con estrés oxidativo y metabolismo. En México, la historia comenzó mucho tiempo atrás.
En el lago de Texcoco, los mexicas recolectaban tecuitlatl, una biomasa azul verdosa asociada históricamente con lo que hoy conocemos como spirulina. Las crónicas describen que se secaba y consumía en pequeñas tortas o junto con otros alimentos. Siglos después encontramos spirulina en polvo, tabletas y smoothies.
Me gusta el contraste: podemos encontrarla entre los superfoods contemporáneos cuando sus antecedentes de consumo en México tienen siglos.
Shilajit nos obligó a hacer una pregunta bastante básica: ¿qué viene dentro?
Shilajit es una sustancia oscura, parecida a una resina, que aparece en formaciones rocosas de regiones montañosas de Asia. Tiene una larga historia de uso tradicional y hoy podemos encontrarla como resina o procesada para utilizarse en cápsulas.
Aquí el laboratorio cumple una función muy concreta: revisar composición, pureza y calidad. Podemos interesarnos por una sustancia utilizada durante siglos y querer saber exactamente qué estamos consumiendo. En GNC México, esa idea de confianza también tiene una salida práctica: la Garantía de Satisfacción respalda las compras realizadas directamente con la marca y contempla devoluciones dentro de 90 días, de acuerdo con sus términos.
Concentrar también significa que la cantidad importa
Poner cúrcuma en la comida no equivale a consumir un extracto con una cantidad declarada de curcuminoides. Mi generosa dosis de orégano sobre el spaghetti tampoco se parece demasiado a utilizar un aceite concentrado.
“Natural” puede hacernos pensar en algo familiar, pero al extraer y concentrar sus componentes podemos llegar a cantidades muy distintas de las que normalmente encontraríamos en la cocina. Por eso las etiquetas de suplementos herbales hablan de miligramos, proporciones de extracto, concentraciones o porcentajes de estandarización.
Entender esos datos ayuda a saber qué estamos comprando. También recuerda algo bastante sencillo: cuando concentramos un ingrediente, la dosis importa.
Entonces, ¿qué pasó cuando lo natural entró al laboratorio?
Seguimos utilizando muchas plantas e ingredientes que conocíamos desde antes. Lo que cambió fue nuestra capacidad para identificar sus componentes, medirlos, concentrarlos y revisar mejor su calidad.
Encontramos curcumina en la cúrcuma y carvacrol en el orégano. Aprendimos a controlar la transformación del ajo y a estudiar algo que en México se consumía siglos antes de que existiera la palabra superfood. Con shilajit, el análisis moderno también nos permite revisar pureza y posibles contaminantes.
Eso explica por qué disfruto encontrar ingredientes conocidos cuando camino por una tienda de suplementos. A veces creo que ya sé lo que estoy viendo porque lo he tenido durante años en la cocina; luego volteo la etiqueta y descubro que hay bastante más detrás.
Referencias
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