Hay un momento extraño donde dejas de asumir que tus papás siempre estarán bien.
Algunas ideas no se explican, se confiesan.
Esta serie reúne textos en primera persona escritos desde la experiencia, la intuición y, a veces, la contradicción. Porque en el camino del bienestar no todo está dicho, y a veces, escribir es una forma de cuidarse.
De repente te das cuenta de algo raro: tus papás ya están más grandes.
Empiezas a notarlo en cosas pequeñas. En algunas arrugas que antes no veías tanto. En las canas que ahora son imposibles de ignorar. En el cansancio que aparece más rápido. En esas fotos viejas donde la diferencia ya se siente evidente aunque nunca habías querido pensar demasiado en ella. El físico cambia. Pero también ciertas formas de ser. Algunos rasgos de personalidad incluso parecen acentuarse con los años.
Y sin darte cuenta, empiezas a verlos diferente. A tratarlos diferente. A quererlos diferente también.
Yo crecí con varias figuras paternas, todas muy distintas entre sí y todas importantes por razones diferentes. Pero si algo tenían en común era esta sensación permanente de estabilidad. Nunca los vi enfermos. Nunca los pensé particularmente vulnerables. Simplemente asumía que estaban bien. La salud era un given.
Tal vez por eso hay algo tan extraño en llegar a cierta edad y empezar a preguntarte si realmente lo están. No desde el miedo inmediato ni desde la tragedia. Nadie se está muriendo. Toco madera. Pero sí desde una conciencia nueva del tiempo.
Empiezas a hacer preguntas distintas. A escuchar historias que antes no escuchabas. A notar que algunas anécdotas se repiten. A darte cuenta de que ahora consideran momentos de descanso entre actividades que antes hacían sin problema. Lo que en otros tiempos hubieran sido días enteros con ritmo acelerado hoy tienen pausas mucho más visibles.
Y por primera vez aparece este pensamiento silencioso: “Hay que hacer algo con el tiempo.”
Siempre me ha gustado una frase de Gandalf en El Señor de los Anillos: “So do all who live to see such times. But that is not for them to decide. All we have to decide is what to do with the time that is given us.”
Tal vez crecer también tiene que ver con eso. Con entender que el tiempo deja de sentirse infinito. Y honestamente, creo que una de las cosas más difíciles de aceptar es descubrir que nuestros papás nunca dejaron de ser personas completas fuera de nosotros. Personas con cansancio, preocupaciones, cuerpo, desgaste y años encima. Solo que durante mucho tiempo no supimos verlo así.
Quizá por eso empiezas a interesarte más en temas que antes parecían lejanos: descanso, energía, movilidad, chequeos médicos o hábitos relacionados con bienestar cotidiano. Y también entiendes que cuidarse no necesariamente significa obsesionarse con vivir perfecto. Hemos tocado este tema antes al hablar de cómo construir hábitos saludables poco a poco.
Hay una tristeza rara en descubrir que nuestros papás envejecen. Pero también hay algo profundamente humano en empezar a querer acompañarlos desde otro lugar: con más paciencia, más atención y más intención.
Tal vez esa sea una de las formas más extrañas de crecer.
Las opiniones expresadas en esta pieza pertenecen exclusivamente a la persona autora y no representan necesariamente la postura de GNC México. En esta sección, abrimos espacio a distintas voces y experiencias con el fin de enriquecer la conversación sobre salud y bienestar.


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